Una historia que devuelve al hidromiel su verdadero origen Universal, como bebida de la Humanidad.
En nuestra hidromelería artesanal elaboramos cada lote con técnica, dedicación y respeto por una tradición que, aunque muchos asocian exclusivamente al Viejo Mundo, también formó parte del pasado profundo de América.
Lo que pocas personas saben —y que transforma por completa la narrativa histórica de nuestra bebida— es que el hidromiel ya existía en América antes de la llegada de los conquistadores desde Europa.
Este origen, durante mucho tiempo ignorado, se ilumina gracias al testimonio directo de un soldado alemán del siglo XVI: Ulrico Schmidl .

La primera mención escrita de hidromiel en América.
La obra de Schmidl, publicada en 1567 con el título Wahrhaftige Historien einer wunderbaren Schiffahrt ( Historias verídicas de una navegación maravillosa ), contiene la primera referencia impresa y fechable sobre hidromiel en el continente americano .
Allí, Schmidl relata haber probado un hidromiel indígena , elaborado por los pueblos originarios del amplio territorio del Río de la Plata y del Chaco, durante sus vivencias entre 1534 y 1554.
Entre los datos más importantes que aporta se destacan:
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El hidromiel se obtenía a partir de miel de abejas nativas sin aguijón (meliponas), aunque en América también existían otras especies generadoras de miel útiles para la fermentación.
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Describe su sabor, su aspecto y el proceso de elaboración, confirmando que se trata de una bebida alcohólica fermentada de miel .
Aunque la Relación de las cosas de Yucatán (1566), publicada en 1864, menciona fermentos mesoamericanos como el balché, la experiencia descrita por Schmidl es anterior en el tiempo , ya que sus observaciones ocurren entre 1534 y 1554, antes incluso de la llegada de Diego de Landa a Yucatán (1549).
Por ello, su obra se considera el primer testimonio documental del hidromiel en América .

Los “makkaycís” de Schmidl: el encuentro con los Maká del Chaco
Entre los pueblos que Schmidl describe se encuentran los “makkaycís”, identificados por historiadores y lingüistas —entre ellos Samuel Lafone Quevedo— como el pueblo indígena Maká , del Chaco Boreal.
Esta identificación se basa en:
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Similitud fonética entre “makkaycís” y Maká / Laka .
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Ubicación geográfica, correspondiente a las zonas recorridas por Schmidl y al territorio tradicional maká.
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Costumbres coinciden, como la recolección de miel silvestre en cavidades de árboles, una práctica propia de ese pueblo.
Los Maká, junto con otros grupos del Chaco y áreas limítrofes, mantuvieron durante siglos una estrecha relación con las abejas nativas y con la fermentación de miel, lo que sitúa al hidromiel como parte de su cultura material y simbólica.

Una tradición más amplia de lo que la historia registró
Aunque Schmidl es la fuente escrita más temprana, estudios etnográficos y antropológicos indican que la fermentación de miel existió en diferentes regiones de América del Sur, no limitada a un solo territorio.
El hidromiel indígena se documenta o se infiere en:
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el Gran Chaco,
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la cuenca de los ríos Paraná y Paraguay,
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regiones del sur de Brasil,
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áreas del este de Paraguay y norte de Argentina,
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y otros territorios donde las abejas sociales nativas proporcionan abundante miel.
Esto demuestra que el hidromiel no era una curiosidad aislada, sino parte de un entramado cultural más extenso, donde la miel tenía usos nutricionales, medicinales y rituales.

Cacique del pueblo Maka (1930), Ulrich expedición gentileza de: Acervo Milda Rivarola en www.imagoteca.com.py
Qué significa esto para quienes elaboramos hidromiel hoy.
Para un hidromielero artesanal, la historia no es un detalle: es parte del espíritu del producto.
Saber que el hidromiel americano tiene raíces tan profundas como el europeo, asiático o africano honra nuestro oficio.
Hoy trabajamos con procedimientos profesionales —levaduras específicas, sanitización precisa, fermentación guiada— pero el fundamento es el mismo que hace siglos:
miel + agua + fermentación = una bebida viva cargada de identidad.
Los pueblos americanos ya conocían y practicaban este arte mucho antes del contacto europeo.
Y ese legado inspira cada fermentación realizada en el presente.
Brindemos por el primer registro del hidromiel autóctono en América.
Cada vez que servimos una copa de hidromiel artesanal, brindamos también por:
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los pueblos del Chaco que fermentaban miel silvestre,
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los Maká, cuya existencia quedó registrada tempranamente por Schmidl,
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y las culturas americanas que transformaron la miel en una expresión social, ritual y alimentaria.
El hidromiel es también americano, es historia viva.
Y sigue renaciendo cada vez que alguien lo elige, lo disfruta y lo comparte.